Evolución previsible del entorno

Evolución previsible

Perspectivas del sector energético a corto plazo

El año 2017 ha sido el primero, desde la caída de los precios del crudo de 2014, en el que se han dado las dinámicas de oferta y demanda necesarias para ajustar el desbalance del mercado del petróleo. Estas dinámicas, de acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía (AIE), continuarían en el corto plazo.

La Agencia apunta al acuerdo de recorte de producción alcanzado a finales de 2016, entre la OPEP y algunos países no-OPEP liderados por Rusia, como el principal factor determinante del balance. En este sentido, el mercado estará muy pendiente del grado de cumplimiento de los compromisos, lo que a su vez tendrá un efecto directo en las cotizaciones del precio del crudo.

Por el lado de la no-OPEP, la AIE espera una significativa recuperación de su oferta de petróleo para 2018 de cerca de +1,66 millones de barriles diarios, los cuales se concentrarían casi en su totalidad en EE.UU. (+1,51 millones de bbl/d), con contribuciones mucho más modestas de Canadá y Brasil.

Por su parte, el buen comportamiento que ha tenido la demanda desde 2015 continuaría en 2018. Los países no-OCDE serían los principales impulsores del crecimiento, sumando 1,20 millones de barriles diarios a su consumo; mientras que en los países OCDE el aumento alcanzaría los 280 mil bl/d, lo que implicaría el cuarto año consecutivo de crecimiento de la demanda de esta región.

Con estas dinámicas, y de proseguir el grado de cumplimiento de los recortes, los datos de la AIE apuntan a un mercado en déficit para el global de 2018, con una caída de inventarios globales que podría alcanzar los 500 mil bbl/d en media, muy similar a la del año anterior.

En lo que respecta al gas, en el corto plazo será especialmente relevante la evolución del mercado estadounidense, el primer productor y consumidor de gas mundial, y exportador de gas natural licuado –GNL- desde el año 2016.

En este sentido, para 2018 y 2019 se espera que continúe el ajuste del balance iniciado en 2017. El comportamiento de la producción doméstica será clave, máxime en un contexto en el que la recuperación del precio del crudo podría traducirse en mayores volúmenes de gas asociado a la producción de petróleo, algo que podría ejercer una presión bajista sobre el precio.

Sin embargo, a pesar del interrogante que plantea la evolución de la producción, por el lado de la demanda se anticipa un sólido crecimiento de las exportaciones (tanto de GNL como de gas por tubería a México). En 2018 y 2019 se seguirán incrementando tanto la capacidad de licuefacción con la entrada de nuevas terminales de exportación (Cove Point, Elba Island, Freeport, Elba Island y Cameron LNG) como la de gas por tubería a México. También se espera la entrada de en operación de nuevas plantas industriales (petroquímica, fertilizantes y metanol), sobre todo a partir de 2019. Además, este año la climatología sería favorable al consumo de gas (invierno más frío y verano más cálido que el año pasado).

Todo ello representa un soporte al alza para el precio, el cual podría situarse por encima de los 3 $/mmBtu.

En su escenario “Nuevas Políticas”, la Agencia Internacional de la Energía esboza un futuro con más energías renovables, más eficiencia y menos emisiones de CO2, en el que las energías fósiles seguirán abasteciendo el grueso de la demanda energética mundial.

Perspectivas del sector energético a largo plazo

Los datos del escenario de referencia de la AIE (Escenario “Nuevas Políticas” del World Energy Outlook 2017) esbozan un futuro con más energías renovables, más eficiencia y menos emisiones de CO2 en el que las energías fósiles seguirán abasteciendo el grueso de la demanda energética mundial, a pesar de ver disminuido su peso en la matriz global de energía primaria.

Así, bajo este escenario, aunque las energías fósiles verán reducido su peso en la matriz de energía primaria desde el actual 81%, seguirán dominando el mix con un peso del 75% en el año 2040. En este sentido, el petróleo seguirá siendo la fuente de energía primaria más importante representando un 28% del total. Por otro lado, el gas natural será la única fuente fósil que experimente un incremento del peso en la matriz (hasta el 25%) y las energías renovables (biomasa, hidroeléctrica y “otras renovables”) pasarían de representar el 14% del consumo energético a representar cerca del 20% por el crecimiento de “otras renovables” (solar y eólica fundamentalmente).

En este contexto, el crecimiento de la demanda se vería ralentizado por las mayores ganancias de eficiencia, si bien dicha demanda se incrementaría cerca de un 30% a 2040 hasta los 17,6 millones de toneladas equivalentes de petróleo (tep); el equivalente a añadir la demanda de otra China e India a la demanda actual. El motor del crecimiento de la demanda será el crecimiento económico, el crecimiento de la población y los procesos de urbanización (incorporación de una ciudad del tamaño de Shangai cada cuatro meses hasta 2040).

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el gas natural será la única fuente fósil que experimente un incremento del peso en la matriz energética mundial, hasta el 25% en 2040.

Perspectivas a largo plazo de la matriz de energía primaria mundial

Fuente: AIE y Dirección de Estudios de Repsol

En lo que respecta a las emisiones de CO2 procedentes del sector energético, según la AIE estas se incrementarán a un ritmo de un 0,4% interanual hasta 2040 cuando totalizarían 35,7 Gton. Caerían o se estabilizan en las economías avanzadas pero crecerían en las economías en desarrollo. El nivel de emisiones derivado de este escenario de referencia no cumple los objetivos establecidos en el Acuerdo de París, lo que implicaría alcanzar el pico de emisiones mundiales antes de 2025. En este sentido, sería necesario realizar esfuerzos adicionales, sobre todo en materia de eficiencia energética y de mayor penetración de energías renovables.

La AIE cuantifica estos esfuerzos en su escenario alternativo “Desarrollo Sostenible”, bajo el cual además de conseguirse una reducción de emisiones de CO2 compatible con el Acuerdo de París (estas se situarían en 18,3 Gton en 2040), también se conseguiría dar solución a los problemas de acceso universal a la energía y de contaminación local, reduciendo las muertes prematuras por polución. Además del cambio climático, hoy más 1000 millones de personas no tienen acceso a la electricidad; casi 3000 millones no tienen acceso a energías modernas para cocinar; y más de 6,5 millones mueren cada año por la polución.

Perspectivas macroeconómicas

La economía mundial mostró un notable repunte durante 2017. Así, tras crecer en el conjunto de 2016 un 3,2%, la actividad avanzó un 3,8% durante 2017, por encima de lo esperado y dejando atrás dos años consecutivos de ralentización. Además, al ser la mejora de la actividad global sincronizada, produciéndose tanto en las economías desarrolladas como en las emergentes, parece más sostenible impulsando también la inversión y el comercio. Así, las últimas previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI WEO Abril 2018) estiman que el crecimiento global se acelerará hasta el 3,9% en 2018 y 2019.

El crecimiento de las economías avanzadas pasó del 1,7% en 2016 al 2,3% en 2017, con mayor impulso de su demanda interna en un contexto en el que la fase de desapalancamiento privado está ya avanzada, y con la política fiscal pasando a ser más expansiva. Así, al impulso del consumo privado se sumó la recuperación de la inversión empresarial, tras un muy escaso dinamismo en años anteriores, ayudada por la mejoría en las perspectivas.

Dentro de este grupo de economías, la de EE.UU. mostró una notable aceleración durante 2017—del 1,5% en 2016 al 2,3% —, en línea con lo esperado a principios de año. La actividad económica también repuntó —más de lo previsto— en la Eurozona, expandiéndose el 2,3%, apoyada en la reactivación del crédito y la mejora de las exportaciones. España no sólo mantiene un crecimiento por encima del conjunto del euro área (3,1% en 2017), sino que su composición parece robusta. En este sentido, a pesar de la solidez de la demanda interna, el saldo por cuenta corriente se mantiene en positivo, apuntando a una mejora de la competitividad. El crecimiento en Japón también se aceleró hasta el 1,7%, siendo la principal excepción a esta tendencia de mejoría entre las economías avanzadas el Reino Unido, donde el crecimiento pasó del 1,9 % al 1,8 %, por los efectos de la depreciación de la libra sobre el poder adquisitivo de los hogares, que compensó sobradamente el mayor dinamismo de las exportaciones y de la inversión empresarial.

Por su parte, el rebote de las economías emergentes, desde el 4,4% en 2016 hasta el 4,7% en 2017, se explica por el mayor dinamismo de China, y especialmente de los países exportadores de materias primas en un entorno de cierta recuperación de los precios de los productos primarios y el retorno de entradas de capital.

Una de las principales sorpresas durante 2017 fue que la aceleración de la actividad no tuvo reflejo en la inflación, que se mantuvo muy contenida. Esto posibilitó que las políticas monetarias en los países desarrollados continuaran siendo muy acomodaticias y que se anticipe un ritmo de normalización muy gradual. En consecuencia, las condiciones financieras globales se mantuvieron laxas, apoyando la actividad.

Por último, a lo largo de 2017 se produjo una gradual depreciación del dólar en un contexto en el que la mejora de la actividad global ha ido acompañada de cierto reequilibrio (mayor mejora de perspectivas en el resto de áreas, especialmente Europa, que en Estados Unidos), y ante la expectativa de crecientes déficits fiscales y externos de la economía estadounidense. Un dólar más débil es también un factor de estímulo para la economía mundial. Por un lado, mejora la solvencia de gobiernos y empresas endeudadas en dicha divisa, y favorece que los países emergentes continúen recibiendo flujos de capitales y mantengan una política monetaria acomodaticia. Por otro lado, al estar muchos precios referenciados en dólares, los abarata en moneda local, aumentando su demanda, como sucede con el crudo.

Las perspectivas para 2018 apuntan a una continuidad de estas tendencias globales. En el escenario base se espera un crecimiento mundial del 3,9% en 2018, con aceleración de los países emergentes productores de materias primas y, en los países desarrollados, de EE.UU., como consecuencia principalmente del impulso fiscal. Sin embargo, existen incertidumbres en torno a este escenario base; Por un lado, el tono proteccionista de la administración Trump puede acabar desembocando en una guerra comercial, lo que frenaría la recuperación del comercio y de la actividad. Por otro, las tensiones geopolíticas y sociales han ganado relevancia, reflejo de un descontento creciente de parte de la Sociedad, dando lugar al mayor apoyo de partidos populistas o independentistas. Además, un desafío importante será que los bancos centrales de las economías desarrolladas avancen en el retiro de los estímulos vigentes, que incluyeron también medidas no convencionales, sin que desemboque en una corrección brusca de los mercados financieros.