Un espacio
para el arte de la música

Más de 40 jóvenes participan en la Orquesta Filarmónica
de Tarija, que en los últimos años ha sido parte de un proceso
de recuperación de la música antigua de Bolivia

Imagen Orquesta de Tarija

“A veces es tu destino el que te elige”. Así resume Facundo, un músico de 22 años, el momento en el que entró a formar parte de la Orquesta Filarmónica de Tarija, en Bolivia. Él es uno de los 42 jóvenes, muchos de ellos adolescentes, que participaron el año pasado en el Festival Internacional de Música Renacentista y Barroca Americana "Misiones de Chiquitos", que muestra al mundo la cultura musical que surgió en el siglo XVIII en el actual territorio de Bolivia.

Organizado por la Asociación Pro Arte y Cultura (APAC), el festival está considerado el evento cultural más importante de Bolivia y el más grande del mundo en su género. Nuestra compañía apoya este proyecto como parte de nuestro reconocimiento de la identidad única de los países donde operamos, su diversidad cultural y sus costumbres. Tarija es el departamento donde se encuentra el Área de Contrato Caipipendi, la principal operación de Repsol en Bolivia.

La Orquesta Filarmónica de Tarija nació en 2016. La mayoría de sus integrantes, incluido su director, Luiz do Amaral, venían de la Orquesta Infanto Juvenil de Tarija, con la que a principios de ese año ya habían sido protagonistas del festival de música barroca al interpretar la Sinfonía 40 de Pedro Ximénez de Abril Tirado, considerado el Mozart boliviano. Un estreno mundial.

Ya consolidados como Filarmónica, repitieron la experiencia. Esta vez estrenaron la Sinfonía 16 del mismo autor, que vivió en Sucre desde mediados del siglo XVIII. Ambas piezas fueron recuperadas desde el Archivo Nacional de Sucre por el padre Piotr Nawrot, un musicólogo que trabaja desde mediados de los años 90 en la recuperación del valioso legado musical de Bolivia.

La Filarmónica hoy tiene como principal objetivo convertirse en un espacio para que los jóvenes tarijeños puedan desarrollarse en el arte de la música, la disciplina y el aprecio por todo lo que les rodea e inspira.

La figura clave del proyecto es Luiz do Amaral, su director, que se esfuerza en hacer de estos jóvenes auténticos artistas y no solo músicos: “Una cosa es ser músico y otra cosa artista. Es un criterio muy particular, pero lo aplicamos al máximo. El artista no sólo expresa algo, sino que además transmite. Intentamos enseñar que el arte de transmitir sale de esa humanidad, de esa sensibilidad humana. Si yo quiero transmitir amor, alegría…,yo tengo que sentirla”.

Su pedagogía musical con adolescentes surgió precisamente cuando vio a un niño coger el arco del violín de forma equivocada. “Pero tenía en sus ojos una alegría y una esperanza…,y yo pensé: tantos jovencitos como él en esta zona que quieren aprender a tocar…Y por eso cambié mi chip y me transformé en pedagogo musical. Ahí fue cuando cambié mi vida”, explica Luiz.

Su filosofía ha calado entre sus jóvenes alumnos. Un buen ejemplo es Luis Miguel, que tiene 15 años y toca el violín: “Para mí lo más difícil es interpretar con el violín, pero con práctica y un compromiso serio puedo sacarlo adelante. Nada es difícil si te pones disciplina”.

Repsol apoya este proyecto como parte de su reconocimiento de la identidad única de los países donde opera, su diversidad cultural y sus costumbres.